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Los anfibios en jaque

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Los sapos, tritones, las ranas y salamandras del mundo se enfrentan a un futuro incierto. Estos anfibios según cifras de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) son actualmente los animales más amenazados. Se conocen 7.500 especies de las cuales el 41% se consideran ‘en peligro crítico de extinción’.

Los especialistas desde hace décadas están tras la pista del principal sospechoso, se trata de un hongo (Batrachochytrium dendrobatidis) que transmite la quitridiomicosis, enfermedad que ataca la piel de estos animales.

La revista Science publicó un estudio a nivel internacional, conducido por investigadores australianos y donde participó el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC); por primera vez se mostraron los daños causados por el hongo.

En las últimas cinco décadas, de una población de más de 500 especies de anfibios se han extinguido 410. Aunque la destrucción del hábitat y la contaminación han jugado un papel importante en su desaparición, esta enfermedad ha sido determinante.

El autor principal del artículo e investigador de la Universidad Nacional Australiana Ben Scheele, asegura que el comercio de especies y  la globalización son las causas principales de esta epidemia, además han permitido que la quitridiomicosis se propague.

Los humanos al trasladar animales y  plantas por el mundo llevan los patógenos a nuevas áreas.

El coautor de la investigación y científico del MNCN Ignacio de la Riva, dijo que en más de 60 países ya se ha detectado la presencia de diferentes cepas del hongo. Las zonas más perjudicadas son América Central, Australia y Sudamérica.

Históricamente fue en los años setenta cuando se registraron los primeros brotes

Los investigadores no tuvieron idea de la amenaza global hasta los noventa. Por primera vez en 1997 el Batrachochytrium dendrobatidis fue descrito y una década después se asoció la conexión por los altos índices de mortalidad. En otro artículo de 2018 de la revista, se informaba que la cepa más destructiva pudo surgir en los años 50 en Corea.

Algunas especies en Asia desarrollaron  resistencia al hongo y no se descarta que en otras localidades suceda lo mismo. La doctora Claire Foster también coautora de la investigación, expresa que la quitridiomicosis es muy tóxica y perdura en especies o ambientes nada sensibles. Desafortunadamente no se han logrado procedimientos para acabarlo, excepto en experimentos hechos en Mallorca.

De la Riva reconoce que cuando apareció el mal, los recuentos de anfibios eran preocupantes. La tarea es prevenir, prohibiendo la venta de especies que pudieran estar infectadas, reforzando el control aduanero y educando a las personas.

Un ecosistema sufre al desaparecer una especie y los anfibios en zonas tropicales alejan a los mosquitos. Los autores sugieren que para evitar la extinción y regenerar la bioseguridad es urgente acabar con el mal.

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